viernes, 9 de mayo de 2014

Ya no hay centro y periferia

Es muy común la errónea interpretación de los acontecimientos históricos describiendo o analizando su desarrollo desde nuestro modo de ver el mundo, con los parámetros del momento de la historia en el que vivimos.

De la misma manera, cuando nos acercamos a los géneros literarios del siglo XXI tendemos a creer que la forma en que estos se nos presentan en la actualidad fue siempre así, que desde el principio de los tiempos la lectura de los textos impresos fue intimista, que los libros, antes los pergaminos, los papiros y las tablas... estaban pensadas para que un lector individual se acercara a su contenido en la soledad de su sala de lectura, en la biblioteca del monasterio o en el cabo de Sunion, en silencio, frente al mar Egeo...

No es hasta el siglo XIX cuando los `especialistas´ -profesores, filólogos, críticos, editores o bibliógrafos...- comienzan con la canonización de los textos, concluyendo un proceso que comenzó con la aparición de la imprenta y la posterior revolución industrial que `democratizó´ el acceso generalizado a los productos impresos y, consecuentemente a las obras que, a partir de entonces, rompiendo radicalmente con su ejecución oral, comenzaron a leerse en silencio, para sí, individualmente.

En este contexto hemos de situar el concepto de literatura pues, como afirma Carlos Moreno Hernández, en su obra `Literatura e Hipertexto´, "solo después del triunfo del liberalismo puede hablarse de un acceso generalizado a los textos y del nacimiento de la literatura como institución que contribuye a la cohesión sociocultural, a través de la edición masiva y la enseñanza".

En mi opinión, el proceso de `cohesión sociocultural´ es imprescindible para el apuntalamiento del Estado Liberal, de tal forma que el canon literario, los modelos de consumo de la literatura, conjugados con la enseñanza de la lengua, se constituyen en claves de arco para la consolidación de los estados-nación.

Más allá, como afirma Carlos Moreno, juicio que comparto:: "Causas históricas e ideológicas -relaciones de poder- determinarían en cada periodo histórico lo que debe y no debe, o merece y no merece, leerse y estudiarse, marginando todo lo perteneciente a grupos `periféricos´ que no encajan en el sistema cerrado y oficial". Lo que se excluye de la selección sacralizada por los `expertos´ y las `instituciones académicas´ queda `anatemizado´.

Así pues, desde el triunfo de lo impreso y su extensión, va menguando el carácter hipertextual-hipermedial, la posibilidad de que los textos fueran leídos, cantados, recitados, representados... "Esta base hipermediática", comenta Moreno, "domina durante toda la Edad Media, hasta que la aparición de la imprenta generaliza la lectura solitaria y silenciosa, para uno mismo, y reduce el texto hacia su ejecución interior. Esta es la idea moderna de texto, del texto impreso, gutenbergiana.

Sin embargo, la última mitad del siglo XX y, por supuesto, los albores del siglo XXI, traen consigo la revolución que significa el desarrollo y extensión de las nuevas tecnologías electrónicas que, muy probablemente, supondrán una redefinición de los roles `tradicionales´ atribuidos a autores y lectores, en un lento pero inexorable camino hacia la `desacralización´ de la literatura que inventó el siglo XIX.

Un entorno colaborativo, similar al que nunca abandonó el ámbito científico, superando el individualismo y el concepto de autor, propietario único de la creación literaria, quebrando así, tal y como explica Moreno, con "los textos cerrados, complejos y finalizados, como recipientes del pensamiento definitivo de su autor, algo bastante diferente de lo que ocurría en la cultura manuscrita".

Consecuentemente, viviendo como estamos en un periodo de máxima permeabilidad, en el que las identidades se deconstruyen y se reafirman permanentemente, una época en la que los límites y las fronteras de la textualidad se han resquebrajado y no hay modelos aristocráticos que modelen la tradición textualizada, el lectoautor afirma su independencia y cuestiona el tratamiento reverencial al saber canonizado.

Todo esta por interpretar e hipertextualizar. Todos son nudos y enlaces, vortices y autoorganización, flexibilidad y caos creativo... Ya no hay centro y periferia. El mismo hipertexto nos enseña a romper con las imposiciones y la sobrevaloración de la página impresa. Estamos, a mi juicio, en una apasionante y colectiva búsqueda intelectual.

1 comentario:

  1. Hola Luis,

    Actualmente veo que nos encontramos en una sociedad donde todo es interpretable, donde todos interactuamos con todos (como en la época de la tradición oral) y donde la individualidad en la definición del concepto pasa a la colectividad, quién tendrá la última palabra. En definitiva, como bien se comenta, es la colaboración la que crea la definición :)

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