En el post inmediatamente anterior a este, dedicado a la Política 2.0, comentamos que el primer presidente Social Media de la historia es Obama. Ya en el 2008 cabalgó sobre las redes sociales y logró un apoyo que arrasó, entre otros colectivos, en el voto joven. Según el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares, "el presidente Barack Obama logró la mayoría de los sufragios con el 66% de apoyo entre los menores de 30 años".
Las circunstancias sociales, políticas y económicas en las que se desenvolvió aquel proceso electoral poco tienen que ver con el momento histórico que está atravesando nuestro país; pero , como mínimo, hemos de convenir que existen dos paralelismos evidentes entre el sorprendente resultado del nuevo partido "Podemos", y el "Yes, we can" obamiano.
En primer lugar, el nombre, una evidencia, incluso una perogrullada, pero que no debe pasar inadvertida, pues se ha usado un eslogan como denominación de una organización política. El nombre de la mayoría de las formaciones políticas es descriptivo, la nueva formación utiliza la marca para movilizar y se sube al carro de un `claim´ que se ha convertido en un mantra de una determinada forma de interpretar el mundo.
En segundo término, las redes sociales se transformaron en la plataforma para que una formación política de nuevo cuño, cuyo nacimiento apenas se produjo cuatro meses antes de las elecciones europeas de mayo de 2014, obtuviese un resultado sorprendente, muy por encima de los vaticinios de las empresas de estudios de opinión. El universo de las redes aún está, por las enormes desviaciones que se han evidenciado entre los estudios prelectorales y la realidad, fuera del alcance de los gurús de las encuestas.
No hay que desdeñar, claro está, que la Televisión ha sido el trampolín desde el cual el nuevo líder de "Podemos" se ha aupado a los primeros puestos de la popularidad política; sin embargo, este impulso original no puede justificar el `sorpasso´ de esta formación a otras organizaciones políticas que, en el mismo espectro ideológico, han logrado peores resultados en comunidades tan relevantes como Madrid.
A partir de las 23 horas del 25 de mayo, fruto de la publicación de los datos de los resultados electorales, prácticamente definitivos, las redes sociales hirvieron de `tweets´ y `me gustas´ que revelan la clickactividad de millones de personas que, estrechamente vinculadas a la realidad política a través de la web, intervienen activamente y amplifican las diversas y divergentes aportaciones de los influencers.
Por si esto fuese poco, la revelación de que una nueva organización se ha colado en el anquilosado panorama político español ha disparado el interés por "Podemos" y el nuevo líder, de forma tal que se han multiplicado exponencialmente los seguidores de ambos en las redes sociales. La monitorización de esta realidad, ya no tan virtual, será la nueva tarea para los `expertos´en opinión y su correspondiente traducción a resultados en las elecciones que ya están a la vuelta de la esquina.
Hemos pasado del universal eslogan del primer presidente negro de la historia de EE.UU., al "Podemos" castizo de una formación política que ha modificado para siempre la forma en que los partidos tradicionales en España se van a relacionar con sus potenciales electores. Si las organizaciones políticas no entienden que se está produciendo una revolución horizontal, dentro y fuera de la red, su futuro es más negro, si cabe, que lo que auguran las `prestigiosas´ empresas de estudios de opinión y el sentido común.














