Teilhard de Chardin, un paleontólogo y filósofo francés de
mediados del siglo pasado, concibió el termino `noosfera´ para referirse, fruto
de su Ley de Complejidad-Conciencia, a una noción según la
cual "con la evolución del hombre se ha impuesto una nueva ley de la
naturaleza: la convergencia. Gracias a la tecnología, la especie del Homo
Sapiens, hasta ahora desperdigada, empieza a unirse en un único sistema
nervioso de la humanidad, una membrana viva, una estupenda máquina pensante,
una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una piel
pensante".
Theilhard y McLuhan coincidían en su interés
por la relación de las personas con los medios de comunicación que les habían
permitido globalizarse, aumentando exponencialmente la complejidad del mundo
que les había tocado vivir. No puedo siquiera imaginar lo que habrían
reflexionado y modificado su forma de entender el universo caso de haber nacido
70 u 80 años más tarde, camino como estamos de la polémica e indefinible -aún-
web 3.0.
Inmersos como estamos en el torbellino de
acontecimientos tecnológicos que nos rodean, incapaces de decodificar tal
avalancha de información decantando aquella que realmente merece la pena
estimar, no somos conscientes de las gigantescas transformaciones que se están
produciendo.
Hoy, el smartphone es una prolongación de nuestra
conciencia. Todo o casi toda nuestra relación con el mundo offline y online se
desarrollará gracias a estos minúsculos terminales táctiles, intuitivos,
capacitados para permitirnos hacer la mayoría de las gestiones que podamos
imaginar, vinculados en nanosegundos a la inteligencia colectiva más poderosa
que pudo plantear nunca la humanidad. Según mis últimos datos, con el
smartphone se realizan el 77% de conexiones a Facebook, el 40% a Youtube y el
75% a Twitter.
Y esto acaba de empezar. Daniel Burrus ha
propuesto los seis aspectos que cambiarán radicalmente la naturaleza y diseño
de los teléfonos inteligentes:
*Pantalla
3D
*Aplicaciones
de verificación biométrica
*Capacidad
de funcionar como tarjeta de crédito
*Capacidad
de funcionar como asistente personal
*Modalidad
de teléfonos sin pantalla
*Hiperconectividad
Destacaría especialmente de estas funciones, algunas de ellas ya
habilitadas para un cierto porcentaje de tecnoadictos, la hiperconectividad,
que permitirá que los artefactos se sincronicen de manera inmediata y comiencen a
interactuar sin necesidad de tener una orden de nuestra parte.
¿Serán capaces de actuar estos pequeños terminales como vínculos a una inmensa inteligencia artificial sin nuestro consentimiento? ¿No es de hecho una realidad que el gran negocio de las redes sociales es, precisamente, el acceso a nuestro más íntimo nosotros sin pedirnos permiso?




