martes, 25 de marzo de 2014

De la noosfera al imperio del smartphone

Teilhard de Chardin, un paleontólogo y filósofo francés de mediados del siglo pasado, concibió el termino `noosfera´ para referirse, fruto de su Ley de Complejidad-Conciencia, a una noción según la cual "con la evolución del hombre se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia. Gracias a la tecnología, la especie del Homo Sapiens, hasta ahora desperdigada, empieza a unirse en un único sistema nervioso de la humanidad, una membrana viva, una estupenda máquina pensante, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una piel pensante". 

Theilhard y McLuhan coincidían en su interés por la relación de las personas con los medios de comunicación que les habían permitido globalizarse, aumentando exponencialmente la complejidad del mundo que les había tocado vivir. No puedo siquiera imaginar lo que habrían reflexionado y modificado su forma de entender el universo caso de haber nacido 70 u 80 años más tarde, camino como estamos de la polémica e indefinible -aún- web 3.0.

Inmersos como estamos en el torbellino de acontecimientos tecnológicos que nos rodean, incapaces de decodificar tal avalancha de información decantando aquella que realmente merece la pena estimar, no somos conscientes de las gigantescas transformaciones que se están produciendo. 

Hoy, el smartphone es una prolongación de nuestra conciencia. Todo o casi toda nuestra relación con el mundo offline y online se desarrollará gracias a estos minúsculos terminales táctiles, intuitivos, capacitados para permitirnos hacer la mayoría de las gestiones que podamos imaginar, vinculados en nanosegundos a la inteligencia colectiva más poderosa que pudo plantear nunca la humanidad. Según mis últimos datos, con el smartphone se realizan el 77% de conexiones a Facebook, el 40% a Youtube y el 75% a Twitter.

Y esto acaba de empezar. Daniel Burrus ha propuesto los seis aspectos que cambiarán radicalmente la naturaleza y diseño de los teléfonos inteligentes:

*Pantalla 3D
*Aplicaciones de verificación biométrica
*Capacidad de funcionar como tarjeta de crédito
*Capacidad de funcionar como asistente personal
*Modalidad de teléfonos sin pantalla
*Hiperconectividad

Destacaría especialmente de estas funciones, algunas de ellas ya habilitadas para un cierto porcentaje de tecnoadictos, la hiperconectividad, que permitirá que los artefactos se sincronicen de manera inmediata y comiencen a interactuar sin necesidad de tener una orden de nuestra parte.

¿Serán capaces de actuar estos pequeños terminales como vínculos a una inmensa inteligencia artificial sin nuestro consentimiento? ¿No es de hecho una realidad que el gran negocio de las redes sociales es, precisamente, el acceso a nuestro más íntimo nosotros sin pedirnos permiso?

jueves, 20 de marzo de 2014

La Enciclopedia está en La Nube

Cuenta la Wikipedia que el "ingenuo" y "optimista" Diderot -estos calificativos son de un servidor- pretendía recopilar en L`Encyclopédie los conocimientos más relevantes de su tiempo. Se dicen también que más de 6.000 de sus 72.000 artículos fueron redactados por él mismo. Y es que el siglo XVIII, siempre para algunos, fue un tiempo de grandes expectativas, de una sin par euforia intelectual basada en el progreso sin límites de la humanidad aupada sobre la razón.

Dice John Stuart MIll en su obra `Sobre la libertad´: “el hombre que no conoce más que su propia opinión, no conoce gran cosa”. Mill fue educado en las ideas del XVIII y eran los filósofos de esta época a los que se proponía imitar. Era pues, desde mi punto de vista, un racionalista estructural. Creía en las instituciones, en la defensa de la libertad de discusión y en la libertad de pensamiento. Era y continúa siendo, uno de los más acendrados defensores de la libertad como la verdadera panacea. Era hijo de un tiempo de optimismo y confianza en el futuro.

Frente a los ilustrados siempre se ha mantenido abierta una línea se pensamiento más desesperanzado. Anthony Pagden, en su libro `La Ilustración y sus enemigos´, afirma que “el éxito mismo del proyecto ilustrado ha estado acompañado de la denuncia permanente de su supuesta falsedad y perversión  moral”. A juicio de Pagden, se trata de una crítica de carácter irracionalista que se ha mantenido hasta hoy, desembocando en las versiones más contemporáneas del posmodernismo.

En el pensamiento progresista, en mi opinión, heredero de la Ilustración, se entiende –o se mantenía la expectativa- de que la historia era un proceso dialéctico que impulsaba a la sociedad hacia un futuro mejor. Era un pensamiento amparado en una utopía consoladora y en cierta media lineal, que no estaba preparado para hacer frente a tantos interrogantes. La orfandad del pensamiento progresista, si es que tal cosa existe, crece en paralelo a la hipertextualidad del mundo. 

En este suspiro de la historia del hombre, se ha pasado de la fe absoluta en la perpetuación de todos los saberes de la humanidad sobre el papel de una Enciclopedia –desde una visión eurocéntrica-, a una relativización del conocimiento y a la escasez de certezas en un mundo radicalmente hiperconectado. De Diderot a Rorty

En este contexto, el intelectual polaco Bauman centra su reflexión en la posmodernidad y sus descontentos y afirma que en las utopías modernas “el mundo perfecto sería uno que se mantuviera idéntico a sí mismo, un mundo en el que la sabiduría adquirida hoy continuaría siendo mañana y pasado mañana y en el que el savoir-faire cotidiano alcanzado conservaría por siempre su valor”, pleno, consecuentemente, de certezas, añado. Se trata, a juicio de Bauman, opinión que comparto, de una fantasía “profundamente antimoderna”. 

El ejemplo más paradigmático, el hecho que nos interna definitiva y cruelmente en el siglo XXI, es el luctuoso acontecimiento del 11 de septiembre de 2001. El miedo invade la esperanza de un mundo mejor. Es una tragedia hipertextual, televisada en directo y transformada en un icono en la web 2.0. Nunca antes se
había vertido tanta tinta electrónica acerca de una noticia. El Imperio bajo amenaza. El mundo, consecuentemente, bajo amenaza. La cara de George Bush cuando le fue notificada la noticia del atentado es un canto a la imposibilidad de codificar la extrema complejidad. 

Paradojas de la hipertextualidad. La Enciclopedia ahora está en La Nube.

(Esta entrada es una recreación del texto para la evaluación de la asignatura de `Escrituras hipertextuales´ del Grado de Humanidades de la UOC)










lunes, 17 de marzo de 2014

El ocaso del periodismo

La web, frente a la cual se produjo un fuerte movimiento de rechazo desde el tradicional negocio y oficio de la prensa y el periodismo, se ha impuesto como una realidad que ha transformado radicalmente, sí o sí, la forma en la cual producimos y consumimos información.

Hace ya 25 años que la red comenzó su camino y ha vuelto del revés, como un calcetín, todo nuestro mundo y, por ende, también la forma en la que nos relacionamos con él. Si hubo una época, que ahora nos puede parecer lejana, en la que los únicos intermediarios entre la realidad, más o menos remota, y nosotros, eran los medios de comunicación tradicionales -prensa, radio y TV-, hoy existen miles de canales, centenares de fuentes diversas y espacios de reflexión sobre la actualidad, miriadas de ofertas alternativas de interpretación de la información...

Recientemente, se ha celebrado en Huesca el XV Congreso de Periodismo Digit@l. Ya nadie se plantea que la prensa, sobre todo el papel, seguirá existiendo como si nada hubieses ocurrido. Hoy de lo que tratan estos congresos es de cómo adaptarse o morir.

Por un lado, los tecnoadictos, que proclaman que el negocio de la comunicación, o se convierte en un `business´en el que la tecnología es lo fundamental, o auguran su defunción inminente. Por otro, los partidarios de ofrecer contenidos, contenidos, contenidos.... Son estos últimos aquellos que albergan la esperanza de que los ciudadanos desean información con el ánimo de decidir acerca del mundo con conocimiento de causa.

Lo cierto es que nadie aún ha dado con la piedra de rosetta que nos ayude a interpretar un futuro que no está escrito, absolutamente imprevisible, más aún tras la fundación de la web 2.0 y la eclosión de millones de posibilidades, incluyendo el proceloso mundo de las prósperas y nerviosas redes sociales. De nuevo hemos de plantearnos una mirada crítica frente a una oferta inabarcable y de una complejidad extrema, infinita.

"La confianza", leía recientemente, "es el principal reductor de la complejidad", una cita atribuida al sociólogo Niklas Luhmann. En mi opinión, no es confiable, por ejemplo, la traducción informativa que desde las televisiones de todo el orbe se hizo de la "Primavera árabe"... Ahora le toca el turno a los siniestros sucesos de Siria. Todo servido a través de videos de ínfima calidad y nula verosimilitud.

¿Dónde están hoy las fuentes dignas de crédito, los periodistas que otrora nos contaban las cosas porque estaban allí, con todas las subjetividades y limitaciones, pero testigos directos de lo sucedido? Hace muy poco tiempo falleció Manu Leguineche. No era un periodista hipertextual, era, simple y llanamente, un periodista... Se te echa de menos.


lunes, 10 de marzo de 2014

Toda la luz que podamos imaginar

La sociedad del conocimiento. Hace ya décadas que se viene hablando de este concepto que se ha transformado radicalmente con la llegada de la web 2.0.

Las primeras webs eran meros contenedores de información, poco versátiles y unidireccionales. La evolución de la red ha caminado hacia la inteligencia colectiva. Millones de cerebros reales y virtuales conectados, produciendo, enhebrando ideas, buscando y hallando soluciones colectivas a problemas hiper-complejos.

Pues bien, en mi opinión, uno de los grandes retos es decomplejizar la extrema complejidad producida. Infinitas fuentes, innumerables `expertos´, apariencia de solvencia donde se esconde la más profunda de las indigencias intelectuales, busquedas relevantes que no ofrecen soluciones a nuestros enigmas, egos desmedidos que anulan la sapiencia de humildes contribuyentes al conocimiento universal.

No pretendo ser apocalíptico. Al revés, estoy aquí, hablando de lo que creo en un blog recién estrenado. Sin embargo, no puedo por menos que cuestionarme si estamos poniendo al pie de los caballos miles de años de ciencia y reflexión por culpa de la wikipedia..

Nada más lejos que pretender regresar al conocimiento reservado a los monjes benedictinos de las abadías del Cister. Menos aún, ofrecer una visión falsamente ilustrada y pedante, criticando a la web como un contenedor de basura en la que, solo en contadas ocasiones, se alumbra una pizca de verdadera ciencia.

Sin embargo, creo que la madurez intelectual es imprescindible para navegar con éxito y no terminar extraviado buscando una Ítaca que no estará nunca a nuestro alcance si no contamos con un agudo conocimiento de las estrellas.

Tan ciego está el que camina en la oscuridad como aquel al que deslumbra el sol. La red y la 2.0 tiene toda la luz que podamos imaginar, pero también es necesaria una buena antorcha para adentrarse en las simas del conocimiento.

miércoles, 5 de marzo de 2014

¿No seremos meros estorninos en bandada?

Vivimos tiempos de incertidumbre. Los años 70 inauguraron una nueva época en la que las certezas comenzaron a diluirse y las seguridades desaparecían ante nuestros ojos sin prisa, pero sin pausa. Tras los años de bonanza del desarrollismo económico que siguen al apocalipsis de la II Guerra Mundial, y los frutos del pacto entre el capital y el trabajo impulsado por el pensamiento socialdemócrata y socialcristiano, se ha impuesto un nuevo modelo que nos ha `liberado´de las ataduras del Estado del Bienestar y nos ha `lanzado´ al proceloso mundo del darwinismo social.

La crisis financiera más feroz nos ha puesto en la tesitura de elegir y algunos lanzaron la campanas al vuelo, anunciando la `refundación del capitalismo´. Y sí, el capitalismo se ha refundado, y de qué manera. El 1 por ciento del 1 por ciento es más rico y el resto está preso de la incertidumbre vital, de la falta de anclajes emocionales, de la inseguridad cotidiana más desasosegante.

En este marco menudean todo tipo de movimientos sociales y protestas ciudadanas. En España, concretamente, se producen manifestaciones que anuncian el desarrraigo de millones de personas que intuyen o comprueban en sus propias carnes la fiereza de un sistema que ha decidido apostar, definitiva y cruelmente, por el poder del dinero.

La web no podía estar ajena a este fenómeno y son millares de millares las iniciativas de todo tipo y condición que se ponen en marcha para luchar-protestar-contestar-arguir- en contra de lo que ya aparece como inevitable. Sin embargo, el ser humano, tozudo y tenaz, no se conforma con "el esto son lentejas" y pretende cambiar su mundo y su perspectiva.

Sin embargo, y aquí reside la gran pregunta, una cuestión que me desazona: ¿el activismo virtual, los movimientos sociales en red, las cibercampañas..., no son un sucedáneo de una radical y necesaria lucha en el mundo tangible, real? ¿No será que la web nos pasiviza y, al conformarmos con firmar en el site de cualquier justa causa, hacemos bien poca cosa por cambiar el mundo desde nuestro sofá mientras que tecleamos sobre el último modelo de tablet? ¿No haremos precisamente aquello que algunos, muy pocos, quieren que hagamos? ¿Seremos estorninos?












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