Cuenta la Wikipedia que el "ingenuo" y "optimista" Diderot -estos calificativos son de un servidor- pretendía recopilar en L`Encyclopédie los conocimientos más relevantes de su tiempo. Se dicen también que más de 6.000 de sus 72.000 artículos fueron redactados por él mismo. Y es que el siglo XVIII, siempre para algunos, fue un tiempo de grandes expectativas, de una sin par euforia intelectual basada en el progreso sin límites de la humanidad aupada sobre la razón.
Dice John Stuart MIll en su obra `Sobre la libertad´: “el hombre que no conoce más que su propia opinión, no conoce gran cosa”. Mill fue educado en las ideas del XVIII y eran los filósofos de esta época a los que se proponía imitar. Era pues, desde mi punto de vista, un racionalista estructural. Creía en las instituciones, en la defensa de la libertad de discusión y en la libertad de pensamiento. Era y continúa siendo, uno de los más acendrados defensores de la libertad como la verdadera panacea. Era hijo de un tiempo de optimismo y confianza en el futuro.
Frente a los ilustrados siempre se ha mantenido abierta una línea se pensamiento más desesperanzado. Anthony Pagden, en su libro `La Ilustración y sus enemigos´, afirma que “el éxito mismo del proyecto ilustrado ha estado acompañado de la denuncia permanente de su supuesta falsedad y perversión moral”. A juicio de Pagden, se trata de una crítica de carácter irracionalista que se ha mantenido hasta hoy, desembocando en las versiones más contemporáneas del posmodernismo.
Dice John Stuart MIll en su obra `Sobre la libertad´: “el hombre que no conoce más que su propia opinión, no conoce gran cosa”. Mill fue educado en las ideas del XVIII y eran los filósofos de esta época a los que se proponía imitar. Era pues, desde mi punto de vista, un racionalista estructural. Creía en las instituciones, en la defensa de la libertad de discusión y en la libertad de pensamiento. Era y continúa siendo, uno de los más acendrados defensores de la libertad como la verdadera panacea. Era hijo de un tiempo de optimismo y confianza en el futuro.
Frente a los ilustrados siempre se ha mantenido abierta una línea se pensamiento más desesperanzado. Anthony Pagden, en su libro `La Ilustración y sus enemigos´, afirma que “el éxito mismo del proyecto ilustrado ha estado acompañado de la denuncia permanente de su supuesta falsedad y perversión moral”. A juicio de Pagden, se trata de una crítica de carácter irracionalista que se ha mantenido hasta hoy, desembocando en las versiones más contemporáneas del posmodernismo.
En el pensamiento progresista, en mi opinión, heredero de la Ilustración, se entiende –o se mantenía la expectativa- de que la historia era un proceso dialéctico que impulsaba a la sociedad hacia un futuro mejor. Era un pensamiento amparado en una utopía consoladora y en cierta media lineal, que no estaba preparado para hacer frente a tantos interrogantes. La orfandad del pensamiento progresista, si es que tal cosa existe, crece en paralelo a la hipertextualidad del mundo.
En este suspiro de la historia del hombre, se ha pasado de la fe absoluta en la perpetuación de todos los saberes de la humanidad sobre el papel de una Enciclopedia –desde una visión eurocéntrica-, a una relativización del conocimiento y a la escasez de certezas en un mundo radicalmente hiperconectado. De Diderot a Rorty.
En este contexto, el intelectual polaco Bauman centra su reflexión en la posmodernidad y sus descontentos y afirma que en las utopías modernas “el mundo perfecto sería uno que se mantuviera idéntico a sí mismo, un mundo en el que la sabiduría adquirida hoy continuaría siendo mañana y pasado mañana y en el que el savoir-faire cotidiano alcanzado conservaría por siempre su valor”, pleno, consecuentemente, de certezas, añado. Se trata, a juicio de Bauman, opinión que comparto, de una fantasía “profundamente antimoderna”.
El ejemplo más paradigmático, el hecho que nos interna definitiva y cruelmente en el siglo XXI, es el luctuoso acontecimiento del 11 de septiembre de 2001. El miedo invade la esperanza de un mundo mejor. Es una tragedia hipertextual, televisada en directo y transformada en un icono en la web 2.0. Nunca antes se
había vertido tanta tinta electrónica acerca de una noticia. El Imperio bajo amenaza. El mundo, consecuentemente, bajo amenaza. La cara de George Bush cuando le fue notificada la noticia del atentado es un canto a la imposibilidad de codificar la extrema complejidad.
Paradojas de la hipertextualidad. La Enciclopedia ahora está en La Nube.
(Esta entrada es una recreación del texto para la evaluación de la asignatura de `Escrituras hipertextuales´ del Grado de Humanidades de la UOC)

"La enciclopedia está en la nube" y el conocimiento se encuentra en la Comunidad (http://campus.usal.es/~teoriaeducacion/rev_numero_05/n5_art_gros.htm) Al hilo de tu post, tenemos que plantearnos como construir ese conocimiento para hacerlo real, es decir, exportable hacia el aprendizaje y usable por todos, donde la limitación no sea tecnológica, sino de capacidad de absorver esas ideas.
ResponderEliminarClaro Alberto, La brecha digit@l existe. Hay una brecha generacional y una brecha económica. La democratización del acceso al conocimiento pasa también por la democratización de las TICs, sin distinciones de clase. Gracias por tu comentario.
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