Me atrevo a violentar el título de uno de los poemas más conmovedores de Celaya. Me tiro a la piscina y afirmo, con gran temor de errar en la sentencia, que Gabriel Celaya no hubiera dudado en usar la web para poner altavoz a sus comprometidos versos, sin la sordina que significan las palabras políticamente correctas, los verbos recién inventados para dulcificar la tragedia del hambre, los circunloquios cultos y enrevesados para que no se entiendan las desgracias del hombre. Celaya nos grita:
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
Y hoy recogen su herencia, y la de tantos otros que decidieron que siempre merece la pena el compromiso, aquellos que, conscientes de la relevancia de sus actos, optan por sumarse a la tarea de cambiar las cosas, de variar el curso de la historia, fantaseando con la quimera de que no es verdad que este mundo que nos ha tocado en suerte sea el único posible, la única opción que nos ofrece el porvenir que otros quieren dictarnos.
Recientemente, el festival de Cannes premió el trabajo Ma’a al-Fidda (Silvered Water, Syria Self-Portrait), dirigido por Ossama Mohammed. Se trata de una obra de denuncia descarnada de lo que está ocurriendo en la `lejana´ Siria. Esta guerra ya se ha cobrado alrededor de 140.000 víctimas. De nuevo, y ya son incontables los casos, contando con la pasividad, la indiferencia y hasta con la connivencia de la comunidad internacional.
Uno de los elementos esenciales del documental de Ossama Mohammed es la participación de lo que se ha convenido en llamar activistas de la red. La página del festival nos cuenta que el director "conmocionado por esta guerra, decidió contactar por chat con una joven cineasta kurda, de Homs, a la que preguntó: `Si estuvieras en Homs con tu cámara, ¿qué filmarías?´. La película cuenta la historia de ese encuentro".
Y es que la Guerra de Siria, como antes las revoluciones en Túnez o en Egipto, se ha televisado gracias, entre otras fuentes, a las grabaciones de los activistas sirios que se arriesgan a contar lo que estaba y continua sucediendo, entre otros lugares, en la ciudad de Homs. De este compromiso nació el documental `Not Anymore: A Story of Revolution´, del activista americano Matthew VanDyke.
Siguiendo esta estela, cabe destacar el trabajo del cineasta Adam Pletts, cuyo titulo `La revolución está siendo televisada´ nos anticipa ya la esencia de su contenido. Su gran aportación es que se construye sobre la historia de seis activistas de los medios en Siria. Hay un momento de este documental en el que uno de ellos afirma: "My camera is my weapon". Celaya dijo lo mismo, pero entonces no existía Internet.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
Y hoy recogen su herencia, y la de tantos otros que decidieron que siempre merece la pena el compromiso, aquellos que, conscientes de la relevancia de sus actos, optan por sumarse a la tarea de cambiar las cosas, de variar el curso de la historia, fantaseando con la quimera de que no es verdad que este mundo que nos ha tocado en suerte sea el único posible, la única opción que nos ofrece el porvenir que otros quieren dictarnos.
Recientemente, el festival de Cannes premió el trabajo Ma’a al-Fidda (Silvered Water, Syria Self-Portrait), dirigido por Ossama Mohammed. Se trata de una obra de denuncia descarnada de lo que está ocurriendo en la `lejana´ Siria. Esta guerra ya se ha cobrado alrededor de 140.000 víctimas. De nuevo, y ya son incontables los casos, contando con la pasividad, la indiferencia y hasta con la connivencia de la comunidad internacional.
Uno de los elementos esenciales del documental de Ossama Mohammed es la participación de lo que se ha convenido en llamar activistas de la red. La página del festival nos cuenta que el director "conmocionado por esta guerra, decidió contactar por chat con una joven cineasta kurda, de Homs, a la que preguntó: `Si estuvieras en Homs con tu cámara, ¿qué filmarías?´. La película cuenta la historia de ese encuentro".
Y es que la Guerra de Siria, como antes las revoluciones en Túnez o en Egipto, se ha televisado gracias, entre otras fuentes, a las grabaciones de los activistas sirios que se arriesgan a contar lo que estaba y continua sucediendo, entre otros lugares, en la ciudad de Homs. De este compromiso nació el documental `Not Anymore: A Story of Revolution´, del activista americano Matthew VanDyke.
Siguiendo esta estela, cabe destacar el trabajo del cineasta Adam Pletts, cuyo titulo `La revolución está siendo televisada´ nos anticipa ya la esencia de su contenido. Su gran aportación es que se construye sobre la historia de seis activistas de los medios en Siria. Hay un momento de este documental en el que uno de ellos afirma: "My camera is my weapon". Celaya dijo lo mismo, pero entonces no existía Internet.

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