Tomo prestado el título de una obra de Frank Westerman que aborda la lucha de los intelectuales y los escritores que ejercieron su oficio y desarrollaron sus análisis en el universo soviético, pasando del ánimo revolucionario y el impulso de la utopía, a la adulación forzosa del sistema.
En este punto, propongo al paciente lector a que se atreva a compartir conmigo una breve reflexión sobre la distancia que media y la relación que existe entre la agenda que dictan los medios, el discurso que se esconde detrás de su lenguaje y, por último, el marco de pensamiento en el que se encuadra su producción informativa e ideológica.
Desde los años 80 hasta la fecha se ha venido hablando del triunfo del pensamiento único. Ya no hay alternativa alguna, no existe camino posible que nos lleve a otro lugar que no sea el sistema capitalista de producción tal y como hoy lo entendemos. Sin apenas diques de contención, sin prisa pero sin pausa, el marco de pensamiento, fruto de una agenda informativa repleta de discursos monolíticos, se ha apoderado de nuestra capacidad crítica y apenas quedan resquicios para oponer la viabilidad de otro modelo económico y social.
El gran triunfo del marco del pensamiento, cuando éste es sólido y suficientemente reiterativo, es que no nos da respiro. Apenas quedan fisuras por las que colar una reflexión alternativa que ponga en cuestión lo que aparece como el único mundo posible, la única construcción mental inteligente, el único espacio de debate permitido, lejos ya de las `quimeras´ que aspiran a defender que `otro mundo es posible´.
George Lakoff escribió hace ya una década un breve manual sobre lenguaje político, en el que, sin ser ni mucho menos un planteamiento revolucionario, sí fomentaba un debate acerca de como la ìzquierda había asumido las metáforas y los planteamientos aparentemente neutrales, teñidos de cienticificidad y verborrea económico filosófica, que, como un mantra, recitaban los pensadores conservadores y los medios conservadores, pasando de la era del Estado del Bienestar, a la nueva época del `conservadurismo compasivo´.
Los conservadores han sabido y han podido disminuir el ánimo reflexivo de los consumidores de información a un mínimo histórico. Hoy todo se reduce a poderosos y vacuos titulares en los que los grandes temas que afectan al ser humano se transforman en apenas un grupo de palabras sin contenido, pero ancladas en un marco de pensamiento que cabalga a lomos del éxito de un lenguaje para el que el ciudadano no encuentra alternativa aparente.
Pongamos un ejemplo que el propio Lakoff recoge en su libro `No pienses en un elefante´. Los conservadores hablan de alivio fiscal, refiriéndose a los impuestos que, en el marco de pensamiento que la mayoría ha aceptado como el único posible, constituyen una carga y una desgracia. La izquierda, sin embargo, se enzarza en complejos debates y argumentos abstrusos, intentado rebatir unos argumentos tan simples como exitosos. Quizás es precisamente la extrema simplicidad la clave de su éxito, y los pensadores conservadores lo saben.
Pues bien, la ciencia cognitiva denomina a este fenómeno hipocognición. La izquierda carece hoy de un marco de pensamiento alternativo en el que se anclen sus argumentos. Ha cedido su espacio cognitivo para apoyar su batería conceptual, barrida por la exitosa simplicidad del discurso conservador que ha construido un marco de pensamiento aparentemente macizo, indeformable, inamovible. Los medios de comunicación, sobre todo la Televisión, han tenido un papel estelar en este proceso hipocognitivo.
Y ahora y aquí aprovecho para declarar mi admiración hacia García Márquez. Le cito: "La mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor".
En este punto, propongo al paciente lector a que se atreva a compartir conmigo una breve reflexión sobre la distancia que media y la relación que existe entre la agenda que dictan los medios, el discurso que se esconde detrás de su lenguaje y, por último, el marco de pensamiento en el que se encuadra su producción informativa e ideológica.
Desde los años 80 hasta la fecha se ha venido hablando del triunfo del pensamiento único. Ya no hay alternativa alguna, no existe camino posible que nos lleve a otro lugar que no sea el sistema capitalista de producción tal y como hoy lo entendemos. Sin apenas diques de contención, sin prisa pero sin pausa, el marco de pensamiento, fruto de una agenda informativa repleta de discursos monolíticos, se ha apoderado de nuestra capacidad crítica y apenas quedan resquicios para oponer la viabilidad de otro modelo económico y social.
El gran triunfo del marco del pensamiento, cuando éste es sólido y suficientemente reiterativo, es que no nos da respiro. Apenas quedan fisuras por las que colar una reflexión alternativa que ponga en cuestión lo que aparece como el único mundo posible, la única construcción mental inteligente, el único espacio de debate permitido, lejos ya de las `quimeras´ que aspiran a defender que `otro mundo es posible´.
George Lakoff escribió hace ya una década un breve manual sobre lenguaje político, en el que, sin ser ni mucho menos un planteamiento revolucionario, sí fomentaba un debate acerca de como la ìzquierda había asumido las metáforas y los planteamientos aparentemente neutrales, teñidos de cienticificidad y verborrea económico filosófica, que, como un mantra, recitaban los pensadores conservadores y los medios conservadores, pasando de la era del Estado del Bienestar, a la nueva época del `conservadurismo compasivo´.
Los conservadores han sabido y han podido disminuir el ánimo reflexivo de los consumidores de información a un mínimo histórico. Hoy todo se reduce a poderosos y vacuos titulares en los que los grandes temas que afectan al ser humano se transforman en apenas un grupo de palabras sin contenido, pero ancladas en un marco de pensamiento que cabalga a lomos del éxito de un lenguaje para el que el ciudadano no encuentra alternativa aparente.
Pongamos un ejemplo que el propio Lakoff recoge en su libro `No pienses en un elefante´. Los conservadores hablan de alivio fiscal, refiriéndose a los impuestos que, en el marco de pensamiento que la mayoría ha aceptado como el único posible, constituyen una carga y una desgracia. La izquierda, sin embargo, se enzarza en complejos debates y argumentos abstrusos, intentado rebatir unos argumentos tan simples como exitosos. Quizás es precisamente la extrema simplicidad la clave de su éxito, y los pensadores conservadores lo saben.
Pues bien, la ciencia cognitiva denomina a este fenómeno hipocognición. La izquierda carece hoy de un marco de pensamiento alternativo en el que se anclen sus argumentos. Ha cedido su espacio cognitivo para apoyar su batería conceptual, barrida por la exitosa simplicidad del discurso conservador que ha construido un marco de pensamiento aparentemente macizo, indeformable, inamovible. Los medios de comunicación, sobre todo la Televisión, han tenido un papel estelar en este proceso hipocognitivo.
Y ahora y aquí aprovecho para declarar mi admiración hacia García Márquez. Le cito: "La mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor".

Como bien dijo Leonardo da Vinci: La simplicidad es la mayor sofisticación.
ResponderEliminarEl arquitecto Ludwig Mies van der Rohe hizo suya la máxima "menos es más...". Ahora, nos dicen que el Estado hace "más con menos". ¿Estamos inmersos en un gigantesco trampantojo del que nosotros somos meros personajes...?
ResponderEliminarGracias por tus siempre atinados comentarios.